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Los angeles señora Manresa fue los angeles primera en beber y en morder. Los lugareños seguían sin decidirse. �Con lo que queda demostrado que l. a. democracia es una estupidez», concluyó l. a. señora Manresa. Tras llegar a l. a. misma conclusión, l. a. señora Parker cogió otra taza. Todos las miraban. Ellas llevaban l. a. delantera, los demás las seguían. —¡Un té delicioso! —exclamaron las dos, a pesar de lo repugnante que eran el té, que parecía herrumbre hervida, y el pastel, catado por las moscas. Tenían obligaciones para con l. a. sociedad. —Vienen todos los años —dijo los angeles señora Swithin, sin darse cuenta de que se dirigía al aire—. De África —añadió. Como habían venido, suponía l. a. señora Swithin, cuando el granero period un pantano. El granero se llenó. El ambiente se cargó. l. a. porcelana entrechocó; las voces parlotearon. Isa se abrió paso hacia los angeles mesa. Isa murmuró: �Nos hemos dispersado». Y levantó l. a. taza para que se l. a. llenaran. Con l. a. taza llena en los angeles mano, dio media vuelta y murmuró: �Más valdrá que me aparte de l. a. colección —miró desolada alrededor— de rostros de porcelana, de mirada vidriosa y duros. Bajaré por el sendero que conduce al nogal y al espino hasta llegar al pozo de los deseos, en el que el hijo pequeño de l. a. lavandera —dejó caer dos terrones de azúcar en el té— arrojó un alfiler. Consiguió el caballo, según dicen. Pero �qué deseo puedo yo arrojar al pozo? ». Miró alrededor. No veía al hombre vestido de gris, al caballero terrateniente; ni veía a conocido alguno. �Que me cubran las aguas —añadió— del pozo de los deseos. » El sonido de l. a. porcelana y del parloteo ahogaban el murmullo de Isa. Decían: �¿Quiere azúcar? ». �¿Un poco de leche? �Y usted? » �Sin leche y sin azúcar. Así es como me gusta el té. » �¿Demasiado fuerte? Le añadiré agua. » Isa añadió: �Esto es lo que deseaba cuando arrojé el alfiler. Agua, agua…». —Francamente —decía una voz detrás de ella—, es un acto de valentía por parte del rey y de los angeles reina. Dicen que irán a l. a. India. Ella es encantadora. Una amiga me ha dicho que su cabello… Isa musitó: �Allí caerá l. a. hoja muerta, cuando las hojas caigan, en el agua. �Debe importarme no volver a ver el espino y el nogal? �No volver a oír, a través del rocío tembloroso, el canto del zorzal, o no volver a ver el vuelo ondulado, ascendiendo y descendiendo, como si rozara olas, del amarillo pájaro carpintero? ». Contemplaba las guirnaldas amarillo canario, restos del día de los angeles Coronación. —Pensaba que habían dicho Canadá y no l. a. India —dijo l. a. voz a su espalda. A lo que los angeles otra voz repuso: —¿Acaso cree lo que dicen los periódicos? Por ejemplo, sobre el duque de Windsor. Desembarcó en los angeles costa del sur. Le recibió los angeles reina María. Y l. a. reina María había comprado muebles, eso no hay quien lo discuta. Y los periódicos dijeron que los angeles reina María le había recibido… �Sola bajo los angeles copa del árbol, del árbol agostado que todo el día murmura como el mar y oye galopar al jinete…» Así prosiguió Isa su frase. Entonces se sobresaltó. William evade estaba a su lado. William stay away from sonrió. Isa sonrió. Eran cómplices; cada uno murmuraba una canción que su tío le había enseñado.

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